jueves, 17 de noviembre de 2016

Silvio Astier, ¿Un juguete del destino en la búsqueda de su realización? (Ensayo para Taller II)

“Entre los múltiples momentos críticos que he pasado, el más amargo fue encontrarme a los dieciséis años sin hogar”.
  
Asi fue como iniciaba a los veinte años Roberto Arlt uno de sus primeros artículos. Todas sus obras dejan ver rasgos autobiográficos, algunos en mayor o menor medida.
   En 1926 (teniendo Arlt veintiséis años) e impulsado por el importante escritor Ricardo Guiraldes, publica “El Juguete Rabioso”, su primera novela. Aquí narra la historia, las aventuras y desventuras de un adolescente de dieciséis años llamado Silvio Astier. Marcado enormemente por el suicidio de su padre cuando era pequeño, su familia se sume en una critica pobreza. Su hermana debe continuar yendo al secundario, ¿y él? Quedará triste y marginado de todo ámbito educativo y buscando mantener a lo que queda de su pequeña familia mediante el trabajo. La salida a su desdicha parece ser su biblioteca, que está poblada de los más variados autores y disciplinas: desde Electromecánica y Filosofía, hasta Baudelaire, Verlaine, Baroja y Dostoievski. Este potencial autodidacta es lo impulsa a buscar su vocación, algún soporte que confíe en su genio y logre materializar sus ideas. Sin embargo, en cada uno de sus trabajos (en una librería, en una papelería y un prometedor acceso al Ejército) se ha visto ignorado. (Quizás también Arlt se hubiera sentido asi en numerosas circunstancias de su vida real, lo que impregna a su narrativa de una voz muy personal que nos permite ponernos en lugar del personaje y transfigurarnos en él.) 
El matiz político se transluce cuando el  Capitán, quien muy extrañado ante la postura científica de Astier a su edad, pregunta a sus pares:

-Che, ¿no será un anarquista este?

-No capitán. Pero me gusta estudiar, leer.

Es sublime contar con tal inteligencia y madurez a tan corta edad, causando un contraste con lo que usualmente se retrata a los 16 años: despreocupación, dependencia paternal y una sensación de estar ajeno a toda responsabilidad. Silvio renunció sin dilación a la vida mundana del adolescente para transformarse en un solitario, (como diría Baudelaire: “…un Hércules desocupado”), un joven atormentado entre la voluntad de vivir y apreciar las cosas bellas (“Si vida, vos sos linda, ¿sabés?”) y la oscura genética suicida que lo impulsa sucumbir ante sus frustraciones (“yo no he de morir, pero tengo que matarme”). Esta sobredosis de racionalidad y existencialismo es lo que caracteriza al estilo de numerosos autores de los años 1900 en adelante: “todo está marcado y empapado por la necesidad del solitario, por la problemática del ser humano, por la nostalgia de un nuevo sentido para la vida humana... Que se ha vuelto absurda.” como nos resume Hermann Hesse en su “Lobo Estepario”.

   Las personas convencionales a las que acudió hicieron oídos sordos y ojos ciegos ante las virtudes manifiestas de Silvio. Permaneció asi a la deriva. No suele tomarse conciencia de que tan adorables genios juveniles pudieron haber sido valorados y abrazados hasta por el mismo Thomas Edison o Baudelaire.

domingo, 16 de octubre de 2016

Despertar.

Ya van como dos meses que no me siento a escribir exclusivamente. Creo que todo estuvo muy sulfurado y falto de inspiraciòn ultimamente y los momentos lindos eran tan grosos que no podia perder tiempo en describirlos.
Pero necesitaba esto. A modo de descargo o como sea, pero tenia que hacerlo.
Hace un mes, mi abuela se cayò. Ya habia dicho antes que lo mio con ella era una relaciòn pesada y conflictiva, pero este trajìn de ir y venir a la clinica solo empeorò el estado de todos: no comiamos bien, no dormiamos y ni pensar en salir a despejarse. Muchas veces me senti entre la espada y la pared, no tenia para donde disparar. 
Por suerte, aguante de Domi, Vale, Flor y Cathy no me faltò. Creo que eso era lo ùnico que me hacia volver con ganas cada noche a hacer la guardia nocturna.
Finalmente, la operaron y le dieron el alta el viernes. Menos mal, pensamos, porque se estaba volviendo un martirio ese puto ciclo. Pero en casa fue peor.
Me angustiaba tanto ver a papà tan nervioso y alterado por todo, que muchas veces llorè de impotencia. Tambien yo estaba muy sacada. Raras veces no estoy en mis cabales, pero esto ya superò todo.
Pedia desesperadamente que todo se alivie ràpido, que pase algo, porque asi no seguiriamos.
Cuando una tarde, vaya a saber por que motivos que la vida dispuso, mi abuela se fue.
Al principio fue un poco extraño. Se sentìa raro acostumbrarse de golpe a la libertad de tener la casa sola, de tener silencio y un poco mas de tranquilidad.
Sin embargo me sentia perdida todavia, no sabia para donde irme o donde pisar. 
Sin embargo, todo fue pasando muy rapido y alegremente, como una tarde de tormenta que da paso a un nuevo amanecer soleado con personitas nuevas y maravillosas que aparecen como por arte de magia en el momento mas indicado. 
Todo pasa por algo, ahora hay que seguir viviendo màs cosas de la mano de los que le emparchan el corazon a uno.

"Let us  together rebuild this world that we may share in the days of peace" diria Aragorn.
que asì sea. <3

domingo, 12 de junio de 2016

En honor a las caídas mugrientas. (2013-2016)

"Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad, es como un esclavo encadenado." -Aragorn.


No quiero sonar materialista
(no era la marca o el elemento en si lo que valía)
sino su utilidad,
la identidad que adquirió al pasar por tantas cosas
y acompañándome sin dejarme a pata,
literalmente.
Compañera de pogos,
charcos,
barro,
piedras,
con sol, lluvia, arena
suave hierba
u hojas secas.
Irrompiblemente fiel.
Mi último tramo de la adolescencia quedó ahí,
tirado en medio de la vereda.
Apenas imploré rogarle a mi viejo que me deje las plantillas,
porque ya era una linyera en pinta.
"mugrosa" recalcaba siempre.
A la fuerza trajo otras Converse,
relucientes, de la new generation
que miré con gris antipatía.
Mientras volviamos a casa, le pregunté:
-irá a rescatarlas alguien?
-si... -me contestó.
Más que zapatillas lo que fui obligada a dejar, fue un par de circunstancias inefables.
pero bueno... quien me quita lo pogueado.
Hoy y siempre las recuerdo.
Que fácil es dejar a algo por su aspecto, 
por más que nunca te haya dejado a vos.
Ocasiones descartables. Horribles.
que feo sería que todo se volviera así,
descartable.
que diera lo mismo una zapatilla,
un plato de plástico,
o un sentimiento.

jueves, 12 de mayo de 2016

Jueves.

Es extraño. A veces pienso que vengo acá y me descargo cuando ando muy mambeada, pero hoy no fue así.
Hoy fue uno de esos días en que, raramente, tengo pilas para todo lo que venga. Me fui a la terminal y pregunté por el precio de unos pasajes para ir a Clorinda (o al menos como para tener una base para soñar).
Salgo y venía el 103 "gusano". Bien, este es un dulce y curioso invento en el cual dos bondis se unen por medio de un acordeón de vaya a saber que material. Tuvieron que hacer esto porque en hora pico salís más aplastado que ojota de Majim Boo. Me senté bien en el fondo, en el asiento del medio, donde tenía felizmente una perspectiva muy kubrickiana de todo. Cuando dobló, pude ver como el colectivo parecía convertirse en un zig zag de dos partes y verlo desde mi asiento me pareció tan simpático que me reí, creo que un poco fuerte porque una señora me miró.

que te pasa doña neoclásica, nunca vió a una criatura que demuestra su encanto ante una pequeñez así?

que mal viaje se llevaría un empepado si llega a pisar este bondi,,, -pensé, como de casualidad.

Bueno. 6 de la tarde.
Hora de entrar a clase.
Historia social y política latinoamericana.
Tengo que resaltar exclusivamente mi adoración por esta materia y como es dada la clase, y justamente la profe tenía que ir no sé a que reunión podrida, así que me encargó que copiara un mapa conceptual en el pizarrón para explicar mañana.
Leo el tema:
"Mundo Bipolar - 1920-1960. Revolución rusa y Comunismo en Latinoamérica"

-esto se va a poner más que bueno. -pensé con una sonrisa.
-que hermoso tema, profe. le comenté, ella solo me sonrió, y me puse a copiar.
Fue mi primer pasada al frente en la cual hago todo con el mismo tamaño de letra, sin inclinarme para cualquier lado del pizarrón, como pasaba en secundaría. Un ajjjjco.

8 y 20: Literatura Argentina I.

La profe, que parecía una florecita dichosa, entró al curso. No hace falta tampoco que reitere mi amor por esta materia. 
Dió su clase con tanta pasión, que hasta el tema de los unitarios, federales y el contexto en el cual surge el Romanticismo nacional, se volvía interesante.

Lejos de salir agotada, respiré con fruición el aire fresco y me encaminé a la parada con una sonrisa, llena de una alegría curiosa. Me sentía llena. Momentos y días así son los que me hacen amar mi carrera y me reconcilia un cachito con la existencia.

domingo, 8 de mayo de 2016

me vuelve lo mismo que sentí no hace mucho. en vez de ponerme a escuchar Nihilismo o alguna cosa anti, pintó Shonen Knife, me fui un cachito al carajo con la alegría.
capaz porque este aspecto que me atemoriza desde 2007 (el hecho de estar rodeada de gente pero que en momentos claves no aparece ni el tero) no desapareció, sigue presente, y se hace sentir de una manera muy sutil, casi imperceptible.
que mi abuela haya caído internada trajo capaz, más repercusiones positivas que negativas: ahora ya está echa una seda, no rompe las bolas ni me insulta. that's good, 
pero... obviamente fue frustrante en su momento, y los dedos de una mano me sobrarían para contar a las personas que preguntaron como iba todo, al menos.


los momentos felices no recuerdo haberlos pasado aislada. quiera o no tarde o temprano aparecia un conocido.
resalto que no me jode el hecho de remarla sola, nunca me molestó, me fastidia la hipocresia con la que se maneja alguna gente, o el desagradacimiento quizá, agria confusión.
no lo hecho en cara: quizás yo también sea muy infumable.

jueves, 21 de abril de 2016

                                                                   A la profesora de Literatura Argentina I, Leticia Ortiz.


Cuando ella ingresa al curso,
provoca una curiosa reacción.
Tal alegría nos es ajena,
porque de vocación elocuente
ya no se sabe.
Sin embargo, espero con ansias cada jueves,
a las ocho y veinte,
para verla entrar.
Se mantiene inagotable hasta el fin,
nunca decae, es como una siempreviva humana.
Su alegría es perenne, como la luz plateada de un farol de luciérnagas.
No le gusta ver a sus alumnos como entes:
conoce cada uno de nuestros nombres,
y escucha con atención nuestras opiniones.
Desde mi gris rutina, le agradezco con el alma:
almibarada amante de Cortázar,
me siento orgullosa y feliz de que me guíe en esta carrera,
que elegí por amor, pero a veces se nubla...
es lindo saber que cuento con usted como una motivación.
mujer retoño, dichosa florecita, fuente inagotable de alegría:
¡Gracias!


miércoles, 13 de abril de 2016

Ansiedad e inseguridad -dos compañeras que constantemente voy a tener el doloroso placer de confundir- ya vienen a romper la paciencia otra vez.
salgo de clase a las 12 menos 20, casi trotando tres cuadras para tomar el cole a tiempo, a veces mejor y otras peor... Peor en las clases de Lengua II y Taller, en las que el discurso incansable del profe casi siempre sondea los mismos temas: gramática y refuerzo del aprendizaje. Y todo lo que ello conlleva.
El primer día que tuvimos con él me alegró mucho: siempre pareció en apariencia un profesor muy eficiente y correcto y muchas veces me pregunté como sería tener clases con él 

-ten cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir-


Pasan las semanas y su discurso se va volviendo cada vez más desesperanzador: nos lleva a preguntarnos que carajo hacemos en el profesorado, en cómo mierda pasamos Lengua I y en qué estamos pensando, en vez de preguntarnos como nos veriamos en los parciales, con cierto síntoma de esperanza, que ahora la veo tan lejana... El profe es sistemático. No lo culpo. Tiene trayectoria y su sistema habrá resultado, pero en nosotros tarda hacer efecto.

Hoy ya fue como la cuarta vez que salgo de su clase con el alma por el piso, imaginándome recursando o alguna barrabasada de esas, o si realmente voy a ser capaz de aprobar todas las materias. No es que no se entienda, pero cuesta seguir un sistema al cual no se está acostumbrado, y con Rubiola no hay lola, amigos. Algo tan estúpido como esto es lo que me hace retorcer las tripas recordando tantos hechos pasados en los que fracasé y, obviamente, el miedo quedó latente. Y es siempre lo mismo: miedo e incertidumbre. Ansiedad de no ver los resultados, de no saber exactamente qué hacer, y tener los resultados lo antes posible, de no acertar. Incertidumbre de no saber por dónde arrancar: porque hay muchos hilos de los cuales desovillar...
aparte de pensar en que andarán mis "allegados", que si no están es comprensible, todo el mundo tiene sus mambos, pero... bue.
Voy en el colectivo, ansiado llegar a casa no sé para qué.

-distraete pensando entonces.-


Pienso que para semejante bardo hace falta una solución muy simple y lejos de quedar muy maraca: un abrazo sincero, que dure más de 5 minutos, suficientes para repensar todo esto y desatar todo temor, porque ahora dos brazos te rodean, y tu alma se siente un poco más en su centro. Listo, suficiente. Pero que bajón: un abrazo así está como a media hora de distancia, porque ni siquiera puedo contar con llegar a casa y pedirle a mi viejo que me abrace, 

no, nada. no sé, pero todo esto es tan estúpido que me hace sentir más miserable todavía, y unas ganas de llorar me quieren ganar, pero no hay tiempo, ya estoy a una cuadra de mi casa. Llego, arrastrando las patas, no hay nada para comer, pero está mi perro y mientras me da la patita como un lorito, lo abrazo muy fuerte. Esperemos que todo este maremagnum de infortunios pase favorablemente. (iba a escribir "rápido" pero no. cagate ansiedad.)

jueves, 17 de marzo de 2016

Espécimen e Intruso se hallaban en el bar, a modo de reencuentro.
A su lado estaba el tipo que hablaba solo. Les extrañó verlo ahí, y no en el rincón, y además se veía muy rosagante. Toda la atmósfera en realidad tenía aires de confort y a todos los cubría un halo de agradable ocio.
A la hora, ingresó un muchachito que a pesar de no ser alto, lo parecía, debido a su equilibrado rostro ovalado, nariz escultural, y su cuello largo y fino. Su cabello rubio no desprendía profesionalidad, todo lo contrario, la pésima autogestión capilar era notable a distancia.
Se sentó en la barra. Todos hicieron silencio.
-...un whisky, por favor.
Cabe acotar que el silencio fue más bien juzgador, no en señal de respeto, pues era evidentisimo que aquel Modigliani andante no era un citadino. Claro está que en ese pueblo los extranjeros causan una curiosidad muy particular.
Las leves conversaciones continuaron, excepto para el viejito, que escrutaba al personaje.
El pedido llegó:
-no no,  whisky con coca. no tiene?...
El mozo quedó azorado por un segundo. El viejo abrió los ojos alarmado y llevó las manos a la mesa como si hubiera recibido una mala noticia de un pariente enfermo. Miró a todos. Todos lo miraron. Todos le clavaron la mirada al Modigliani, que al notar esto se mostró atemorizado y arrepentido.
Espécimen e Intruso intercambiaron miradas, completamente ceñudos.
El flaco se retiró sin decir palabra, y dejando el whisky, que el pobre mozo retiró con una mezcla de tristeza e impotencia. Que suerte que era mudo, pues ninguna palabra podía alcanzar para describir la desilusión del momento.
-¡Principiante tenía que ser! ¡Insulso! -exclamó colérico el pobre viejecito, restregándose las manos por la frente, como queriendo despertarse de un mal sueño.
-Cosas como estas suelen pasar, don. -lo consoló el Intruso- El personaje no sabe como funcionan las cosas acá. Whisky con... coca. Vaya ocurrencia!
-¿¡Ocurrencia!? Esto fue un despropósito. Inconcebible... I-nad-mi-si-ble! -condenó, marcando las silabas y elevando temblorosamente el dedo indice- 
Se levantó muy débil de espiritu y echó tal mirada a los jóvenes, que casi les parte el corazón.
-Y pensar... -murmuró con una media sonrisa- Pensar... que con tanto empeño reposan en esas barricas de roble, para que en su glorioso despertar los ahoguen y masacren con esa... cosa que.. llaman... coca.
Se retiró muy despacio... como si estuviera ya muy cansado de todo.
Espécimen permaneció callado. Observó un retrato de Baudelaire en la pared.
-Si éste tipo hubiera escrito sobre el whisky en vez del vino, este espectáculo lo hubiera dejado tremendamente dolido. El whisky, si se lo personificara, sería alguien seguro, muy seguro de si mismo. Un alma pura, sin igual. Su sola compañía podría nutrirte de confianza. No podría venir alguien simplemente y alterar la esencia, no.. no habría manera de diluir su alma...
Calló emocionado. 
El semblante de ambos se tornó triste. Se retiraron abatidos.


historia pedorra

El Espécimen se había levantado como siempre, a las 5 de la mañana. Cuando observó que el sol se demoraba entre las nubes grises, recordó que faltaba muy poco para el otoño. Y que ello significaría una delicada tardanza progresiva en la salida del astro.
Después de meditar en un almohadón de hierba, se dedicó a preparar un flan de dulce de leche. Sacó la canela y la vainilla y se quedó largo rato observándolas y esnifándolas, como rememorando una época o vida pasada. Aquello tenía un gran poder.

A la tarde salió a caminar por el parque. El cielo comenzaba a cobrar tonalidades violáceas y zafíreas, tan intensas que se reflejaban en las hojas amarillentas del libro que leía. Una hoja amarilla del peral en el que estaba sitiado cayó sobre las páginas. La observó con una media sonrisa y la guardó a modo de señalador otoñal.
La consideró un detalle especial.
Se levantó lentamente y se fue a uno de los “fecas” de la ciudad. Podía observar como sus borcegos raídos apenas hacían ruido sobre el pedregullo del camino.
Cuando llegó al feca, se sentó al lado de la ventana y observó los cerros del pueblo de al lado, que se erguían en el poniente. Uno en particular, que parecía capturar todos los rayos del sol en su lado izquierdo. Parecía estar parado en puntillas de pie en medio del camino, expectante.
Justo cuando el Espécimen se empezó a preguntar por qué daba esa sensación, el mozo le tocó el hombro.
-Un café, por favor. –dijo, con su característica voz débil, e hizo una pequeña “C” con el índice y el pulgar, para indicar su medida-
Al caer a tierra, empezó a observar el entorno. En el rincón opuesto estaban dos gemelos de ropas oscuras y raidas, con ojos hundidos y expresiones misteriosas y hablaban muy despacio sobre cosas que parecían elementales.
Vió su mano angulosa y pálida, descansada sobre la mesa de pino. Se preguntó si realmente las venas eran tan azules o si solo era cosa de la iluminación del lugar.
Un par de manos intrusas aparecieron en la mesa. Miró al propietario y se topó con alguien que tal vez recordaba haber visto, ¿o era otra persona?
No podía saberlo. Todos en ese pueblo eran tan fáciles de recordar como la tabla del 2.
No, no. Esos ojos pardos no estaban entre los recuerdos. Habrá dibujado cierta expresión de inquietud en el rostro, lo que hizo hablar al extraño:
-Me pareció haberte visto en Letras.
El Espécimen tardó en contestar un par de segundos, porque todavía se había quedado en el haz castaño y sombrio que atravesaba la mirada de su interlocutor.
-luego se preguntó interiormente como alguien pudo haber reparado en su presencia en un lugar como la facultad-
-Así es.
El Intruso buscó algo en su mochila, y presentó:
-No soy de acá, sino del otro lado –señaló los cerros- y estaba observando si hubiera alguien que le interesara este tipo de tópicos.
Le pasó un ejemplar impreso en papel color té.
El Espécimen tomó lentamente el “fanzine”, y arqueó las cejas en señal de querer una explicación.
-Como estás en Letras, supuse que tu gusto por la lectura es obvio.
Escrutó las ojeras y los rasgos afilados del interlocutor antes de responderle:
-No acostumbro a este tipo de conversaciones… aunque más me inquieta saber de dónde te enterás mi aparente gusto por “la lectura” y qué es lo que estudio y dónde.
-Yo solía ser el bibliotecario…
…Solía. –destacó, y cobró una expresión sombría- pasabas mucho tiempo ahí, y recuerdo que te llevabas brazadas de libros.
-Llevabas autores que no pedía ningún profesor y no era muy frecuente entre los alumnos tampoco. Por eso supuse que te interesaría esto. –y señaló las hojas té-
El Espécimen analizó un momento. Nadie le había dirigido la palabra en los 3 años que estaba ahí, y le parecía bien y cómodo. Siempre se acostumbró a tener presencia de papel de calcar. Pero que ahora este locuaz y además joven Intruso se haya atrevido a hablarle con tal confianza le causó intriga. Y no se sentía mal, la verdad. El tipo era reservado dentro de todo. Y su presencia no emanaba la molestia de la convencional compañía que tanto le pudría.
Segundos después comprendió que tal vez se trataba de algún ente: pues la intuición no le falló nunca. Miró rápidamente la expresión del Intruso, que prendió un cigarrillo. Y el humo se desvaneció o mejor aún, pareció unirse a las nubes cetrinas que decoraban el cielo cuasi nocturno, porque aun quedaban unas inflamaciones verdes en el más allá, y entretanto, había llegado su café.
-Bueno, mentiría si digo que no me interesa. En la hojeada que le di se ven curiosidades que no conocí nunca, ni de los autores ni de sus obras.
-Odiás lo convencional –se adelantó el intruso, bajando la mirada. Un mechón castaño y rebelde le cayó a la altura del mentón- Odiás lo convencional y lo sabés, también te extrañó que yo te divisara entre toda esa caterva de camisas a cuadros y libros de Saussure.

El Espécimen entrelazó sus dedos en su cabello reseco. (cortado dos dedos debajo de la nuca, contrariando la ley de la escuela y la penetrante voz chillona de la preceptora):
-Y esto?! El cabello cortado dos dedos arriba de la nuca. No tendría porqué tocar el cuello de la camisa.
Y desde que salió de allí cayó en esa inconsciente obsesión de mantenerlo al mismo largo. ¿Obsesión? Claro. Eso es lo que parecía, y lo que estaba viviendo ahora también.
-Si, me parece bastante raro… pero no incómodo.
Escrutó las palmas y las mangas de la camisa de su acompañante. Lucía vieja, y manchada.
Le señaló la muñeca izquierda.
-¿Pintás?
-Bueno, podría decir que si, aunque no soy profesional. ¿Sabés? Una vez pasé por una biblioteca móvil de acá y vi una copia en idioma original de “Los murmullos del bosque” de Vladimir Korolenko. Estuve toda la noche, diccionario de ruso en mano, tratando de descifrar que carajo decía, porque era un libro que busqué mucho. Pasó un año y yo lo traduje como pude, y al final de la noche estaba tan feliz y pasado de café y escabio que deshojé el libro lentamente y lo pegué en un atril a modo de lienzo, y pinté un recuadro bastante infame de Korolenko con unos colores tremendos. A la mañana siguiente, dolor de cabeza de por medio, vi todo ese revuelterio y me quise matar. ¿No tenés idea de quien pudo haber dejado semejante joyita al alcance de uno como yo?
El Espécimen pensó un momento.
-De hecho… -miró a la lejanía, como buscando coraje- Si, podría ser que sepa quien es. Es una mujercita encantadora pero que cuenta con algunos problemitas esquizoides. Siempre está garrapateando la biblioteca e inclusive habla o canta en checo y en ruso. Sospecho que es ella… Pues acá ningún cuerdo tendría tan buen gusto a la hora de la literatura.
El intruso lo miró azorado mientras se restregaba las palmas.
-Bien, bien. Ahora todo tiene sentido.

La noche había caído, y el reloj de cucú del bar marcaba las doce menos cinco. El Espécimen logró divisar al pobre mozo, ligeramente dormido detrás de la barra, y se levantó.
-Bueno, yo me voy yendo. Y vos, ¿para dónde? –le cuestionó al otro, mientras se ponía el saco gris ratón-
-Che, vamos a mi depto. Obvio, si no tenés nada que hacer. Busco plata y si querés mientras mirás todos los cachivaches que componen mi hábitat. Seguro hay más de algún libro o vinilo que te va a interesar. –invitó cordialmente el Intruso-
El Espécimen se extrañó, pero se sintió un tanto halagado por la invitación, y lo siguió.
Los dos “flaneurs” vagaban por los caminos rodeados de pinos del pueblo, hasta que no muy lejos, llegaron a un edificio.
-Acá es.
El departamento no era muy grande: pero todo adentro estaba hecho de madera y el estilo decorativo parecía más la de una cálida cabaña irlandesa que la de un antipático monoambiente. Hasta las colillas de puchos desparramadas armonizaban. Un intenso aroma a azúcar quemada flotaba en el lugar.
En un costado había una ventana con vitrales de colores, y una repisa que contenía diversas botellas de bebidas particulares.
-¿Te gustan los licores? –le preguntó el intruso-
-Preferiría la cerveza negra, en estos instantes.
-Tengo un par ahí. Servite nomás lo que quieras, ya vengo. Me voy a poner otro abrigo.
Una colección de discos de vinilo se agrupaba perfectamente en la repisa vecina. El espécimen se detuvo con gusto a husmear, siempre le interesó mucho la música en ese formato maravilloso, hasta que encontró uno de su gusto.
Por primera vez en la noche, pareció dibujarse una media sonrisa en su rostro de parafina:
-Tenés un vinilo de Treat Her Right.
El intruso asintió con una sonrisa, lo que hizo que se marcaran más sus ojeras.
-Si, si. Aunque me vuelco más por el “alternativo”. Mudhoney, Tad, Jesus Lizard... Esas cosas. ¿Y vos?
-Bueno… Me gusta mucho Bing Crosby… Lakes of Russia, Chet Faker…
El intruso levantó una ceja.
-Si, si, también Chet Baker propiamente –se encargó de pronunciar y resaltar la “B”- pero asi se llama la banda. Jazz.
-Tus gustos musicales son bastante particulares, ¿eh? Mirá, hay un bar acá a la vuelta. Te invito unos whiskys.
El Espécimen asintió, y salieron.
Dos sombras famélicas en medio de la calle desierta, las ramas cubiertas de líquen inclinándose sobre ellos, como serenas falanges purpúreas. El ambiente nocturno, frio pero a la vez piadoso, invitaba al ensueño. El Espécimen inhaló con fruición el aroma a eucalipto.
El bar estaba casi desierto: solo había un tipo que hablaba solo en un rincón, y una pareja más a lo lejos.
El Intruso fichó.
-Acá son todos medio particulares.
El Espécimen lo miró agriamente.
-No sé, raritos. –abrió los ojos desmesuradamente y agitó ligeramente la mano- No veo eso en el pueblo de al lado, por desgracia.
Al no tener respuesta del otro, sacó una pequeña libreta amarillenta y se puso a dibujar.
El Espécimen necesitaba quedarse en silencio. La verdad que el interlocutor este le daba muchas cosas que pensar. No parecía de este tiempo, o quizás era un adelantado. Había en su aura algo que le indicaba que sabía y sentía más de lo que aparentaba, lo malo es que no sabía quedarse callado, para darle tiempo a analizarlo al menos. La puta que lo parió, con todas esas preguntas apabullantes y todas dirigidas a su ser, que en su vida había mantenido una conversación de más de 4 horas con alguien. Además de que, al parecer, nadie supiera que existia, a excepción del mozo de su feca favorito. Contempló el vaso con el elixir ámbar, y mientras bebía, recuperó un poco las energías.
A la lejanía sonaban los comienzos de lo que le pareció el disco “Dark Side of The Moon”. Los acordes de “Breathe” lo trajeron de vuelta.
-Muy buena elección… –murmuró, mientras bebía otro trago-
-Si, ¿no? Siempre la pegan con lo que eligen. –comentó el Intruso-
El Espécimen se incomodó un poco al notar que había escuchado su susurro, volumen natural de su voz.
-Mirá, yo no sé de donde saliste exactamente ni sé tampoco de donde sabés tanto. Pero te prevengo: yo no tengo idea de muchas cosas en mi vida.
-¿Te pensás que yo las sé también?
-Pareciera…
-Mirame. ¿Todavía no te diste cuenta?
El Espécimen contempló los ojos casi herbáceos del Intruso, y tuvo el mismo deja vu que cuando lo vio en el bar esa tarde. Ya los había visto en algún lado, pero ¿dónde?
El Intruso se señaló el rostro.
-Nunca te miraste a un espejo?
-Si. Y ni así entiendo algunas cosas todavía. Es como si naciera mañana.
-Tus ojos. Los míos son castaños tirando a verde, mientras que los tuyos son oscuros y amatistas como una botella de vino pasado. Sin embargo, las ojeras, la forma, son iguales a los mios. El corte de rostro… ¿Te das cuenta? –señaló a los gemelos de ropas oscuras que estaban en un rincón lejano-
-Esos tipos de allá, son de los nuestros.
El Espécimen dudó por unos segundos.
-No. Ellos son únicos. Sé sobre ellos, sin embargo, si tan iguales somos, ¿por qué nunca me dirigieron la palabra?
-No te van a hablar si no ven que encontraste a tu contraparte todavía, zanahoria. –le respondió el Intruso con una sonrisa-
En ese momento, los gemelos dirigieron la mirada hacia su dirección. Habían reparado por fin en su existencia.
-Te lo dije. –advirtió el Intruso sorbiendo su whisky-

El Espécimen apoyó los brazos en la mesa y cayó en una curiosa somnolencia: todo parecía rebotar en su mente, como si dos personalidades lucharan por ver quien tenia mas autoridad en su consciencia. ¡Que barullo! Todo estaba bien en su existencia hasta que cayó el famélico este de camisas a cuadros a desordenarlo todo. Sin embargo empezó a recordar muchas cosas, a ordenar o establecer alguna importancia.
Se despertó por el débil sonido del cantar de los pájaros: en el bar ya no quedaba nadie.
Se preguntó dónde estaba su “contraparte”, pero no había señales. No le importó. Se sentó en una escalinata llena de musgo.
En la vereda de enfrente estaba de pie un viejito de sobretodo verde oscuro y cutis enjuto, con unos bigotes y anteojos que parecían hacerlo un Joyce de dramaturgia. Se quedó observándolo largo rato, hasta que por fin el viejo se movió. El Espécimen temía que ya se estuviera volviendo arbóreo.
En ese momento un recuerdo le golpeó la frente:
Su abuela padecía demencia senil y solía ver entre los árboles del patio a personas con bigotes, anteojos y pelucas curiosas, que nombraba a cada rato. El Espécimen nunca supo reaccionar a esto, y tampoco recordaba como fue que se había ido de allí, olvidándolo todo. Ahora que vio personificado a una de esas alucinaciones, le pareció tan simpático que no podía articular palabra.
En eso, el viejito de sobretodo paró un colectivo y lo saludó con la mano desde la ventanilla.
El Espécimen no tuvo tiempo de reaccionar. Tan solo vio el colectivo alejarse y observó el cielo: las nubes esta vez parecían astromelias abiertas como en primaveras melifluas: eran rosadas, con tonalidades naranjas del sol que empezaba a aparecer. El cielo era un enorme lienzo celeste en el que se dibujaban suavemente partes de su vida actual.
Ahora había conocido un poco más... Esperaba inconscientemente que aquello nunca terminara.




domingo, 17 de enero de 2016

"Nieve sobre cristal, páramo bajo piel. Foto en blanco y negro, pierde el hilo lo ideal."

"No pasa nada mientras estás sentado en casa. Siempre que puedo me gusta llevar una cámara conmigo a todos los lados. Así puedo disparar a lo que me interesa en el momento preciso."  Elliot Erwitt.

-“Para mi, la fotografía es el reconocimiento simultáneo, en una fracción de segundo, de la importancia de un acontecimiento, así como una precisa organización de las formas que da a ese acontecimiento su expresión apropiada.”

-Henri Cartier Bresson


También tiene mucho que ver esa famosa cuestión: "el fotógrafo hace a la foto, o la foto nace por si sola?"
A veces todo parece una hermosa dicotomía: el momento parece presentarse de forma tan natural, que uno siente como si se tratase de una súplica para sacar la cámara, o el cel, (no importa si tiene 2 megapixeles) e inmortalizar el momento. Porque si hay algo que no se discute en el mundo de la fotografía, es eso, una foto es para inmortalizar un momento o retratar el paso del tiempo.
Pero en realidad va mucho más allá. A veces cuando vemos una fotografía, no solemos recordar lo que nos pasó ese día, solo nos centramos a ver lo que nos transmite. En otros casos, si. Nos lleva a recordar lo que pasó y en que momento y porqué fue tomada.
Muchos me dijeron "no sirvo para sacar fotos, pero me gusta ver paisajes y eso".. Todos nos frustramos a veces porque nuestras cámaras o celulares no transmiten lo que vemos, y tenemos que sacar una y otra vez una foto (si se nos presenta), si apenas fue una milésima de segundo lo que tenías para capturar, te sentís peor. 
Sin embargo, uno no se rinde, va descubriendo su cámara y las herramientas como conocés a un buen amigo: poco a poco y sin tapujos, a lo último lo conocés tanto que ya lo tomás como una extensión de vos mismo. 
Es un proceso largo y fastuoso, esto de conocer, aplicar y ser eficiente en TODAS las fotografías que saquemos. No me refiero a centrarnos en un ángulo, efecto, iluminación o balance: me refiero a lo que nos puede llegar a transmitir esa toma.
Muchos dicen que las fotografías espontáneas son las mejores, y sin duda que lo son. Alguna vez te sentiste tan dichoso por capturar un gesto de una persona, como una sonrisa, un guiño, una seña, que englobe todo lo que pasaba o sentía en ese entonces? Obviamente, algunos momentos se dan por más tiempo y con más naturalidad que otros, pero al mantener la guardia alta (como le digo yo cuando estás en una situación que sabés que puede pintar una foto cuando menos te lo esperes) todo se hace más fácil.
Un atardecer, el gato en el muro, relámpagos, la luna, un pajarito en el tendal de la ropa, en una rama, tu viejo tomando mate bajo el árbol, tu amiga pintando un cuadro, tu compinche de mirada sombría de perfil, el chico ese que te interesa tanto, de noche, colgado mirando el horizonte. La gente pogueando en un recital, la banda tocando, un grupo de viejos amigos riendo, un grupito de viejitos leyendo el diario en un mítico café. Algunos otros eligen retratar muertes o putrefacciones, crueldad, tristeza y realidad. Y lo mejor es que nada te hace asco. Todos parecen momentos que vivimos día a día, pero que sin embargo, lo podemos ver en una foto y decir "hey, que lindo" o "genial lo que transmite". Esa es la magia de ver el más allá de todo. 
Sin duda (y lejos de sonar muy emocional) insisto en que la fotografía es una extensión de lo que sentimos y queremos transmitir. Fotografía sin sentimiento no va.

No sé como agradecerle a mi hermano, culpable de haberme regalado mi primer cámara como regalo a los 15 años (una Smasung es28, impecable hasta hoy en día), para que le saque fotos a mis dibujos o pinturas... Y creo hoy en día, que fue para lo que menos la utilicé. La conocí y me pareció tan hermosa, tan amplia como el mundo, que la llevaba y llevo conmigo siempre. No es una cámara super professionel pero se la remil banca. Y yo también la banco a ella. 
Es un poco también el detallismo, la pasión por las pequeñas cosas, lo que nos lleva a sacar fotos. Hay una frase que dice "es una lástima que de algunos de los momentos más bonitos en la vida no hayamos tomado fotos, pero ocurre que estabámos más ocupados viviendolos" y es así, y confieso que dejé pasar unos minutos joya (nada de sacar fotos a la comida o sacarme fotos a mi cada vez que vaya a salir), de recitales, de sonrisas, de abrazos! Un par de atardeceres. Otro par de plazas y árboles.
Uno sabe luego de varios intentos y de buscar información, que estilo va curtiendo, que cosas nuevas incorporaste, otras que se mantienen y como evolucionaste. Lo importante es no perder nunca esto de ser un "espectador/observador compulsivo temporal."

"The same tree, three months later" por Wei Kuang.