miércoles, 13 de abril de 2016

Ansiedad e inseguridad -dos compañeras que constantemente voy a tener el doloroso placer de confundir- ya vienen a romper la paciencia otra vez.
salgo de clase a las 12 menos 20, casi trotando tres cuadras para tomar el cole a tiempo, a veces mejor y otras peor... Peor en las clases de Lengua II y Taller, en las que el discurso incansable del profe casi siempre sondea los mismos temas: gramática y refuerzo del aprendizaje. Y todo lo que ello conlleva.
El primer día que tuvimos con él me alegró mucho: siempre pareció en apariencia un profesor muy eficiente y correcto y muchas veces me pregunté como sería tener clases con él 

-ten cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir-


Pasan las semanas y su discurso se va volviendo cada vez más desesperanzador: nos lleva a preguntarnos que carajo hacemos en el profesorado, en cómo mierda pasamos Lengua I y en qué estamos pensando, en vez de preguntarnos como nos veriamos en los parciales, con cierto síntoma de esperanza, que ahora la veo tan lejana... El profe es sistemático. No lo culpo. Tiene trayectoria y su sistema habrá resultado, pero en nosotros tarda hacer efecto.

Hoy ya fue como la cuarta vez que salgo de su clase con el alma por el piso, imaginándome recursando o alguna barrabasada de esas, o si realmente voy a ser capaz de aprobar todas las materias. No es que no se entienda, pero cuesta seguir un sistema al cual no se está acostumbrado, y con Rubiola no hay lola, amigos. Algo tan estúpido como esto es lo que me hace retorcer las tripas recordando tantos hechos pasados en los que fracasé y, obviamente, el miedo quedó latente. Y es siempre lo mismo: miedo e incertidumbre. Ansiedad de no ver los resultados, de no saber exactamente qué hacer, y tener los resultados lo antes posible, de no acertar. Incertidumbre de no saber por dónde arrancar: porque hay muchos hilos de los cuales desovillar...
aparte de pensar en que andarán mis "allegados", que si no están es comprensible, todo el mundo tiene sus mambos, pero... bue.
Voy en el colectivo, ansiado llegar a casa no sé para qué.

-distraete pensando entonces.-


Pienso que para semejante bardo hace falta una solución muy simple y lejos de quedar muy maraca: un abrazo sincero, que dure más de 5 minutos, suficientes para repensar todo esto y desatar todo temor, porque ahora dos brazos te rodean, y tu alma se siente un poco más en su centro. Listo, suficiente. Pero que bajón: un abrazo así está como a media hora de distancia, porque ni siquiera puedo contar con llegar a casa y pedirle a mi viejo que me abrace, 

no, nada. no sé, pero todo esto es tan estúpido que me hace sentir más miserable todavía, y unas ganas de llorar me quieren ganar, pero no hay tiempo, ya estoy a una cuadra de mi casa. Llego, arrastrando las patas, no hay nada para comer, pero está mi perro y mientras me da la patita como un lorito, lo abrazo muy fuerte. Esperemos que todo este maremagnum de infortunios pase favorablemente. (iba a escribir "rápido" pero no. cagate ansiedad.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario