jueves, 21 de abril de 2016

                                                                   A la profesora de Literatura Argentina I, Leticia Ortiz.


Cuando ella ingresa al curso,
provoca una curiosa reacción.
Tal alegría nos es ajena,
porque de vocación elocuente
ya no se sabe.
Sin embargo, espero con ansias cada jueves,
a las ocho y veinte,
para verla entrar.
Se mantiene inagotable hasta el fin,
nunca decae, es como una siempreviva humana.
Su alegría es perenne, como la luz plateada de un farol de luciérnagas.
No le gusta ver a sus alumnos como entes:
conoce cada uno de nuestros nombres,
y escucha con atención nuestras opiniones.
Desde mi gris rutina, le agradezco con el alma:
almibarada amante de Cortázar,
me siento orgullosa y feliz de que me guíe en esta carrera,
que elegí por amor, pero a veces se nubla...
es lindo saber que cuento con usted como una motivación.
mujer retoño, dichosa florecita, fuente inagotable de alegría:
¡Gracias!


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