La ansiedad siempre me jugó en contra. Hace parecer como que el tiempo se derrite, no quedan momentos para pensar ni decisiones que cuidadosamente deban ser acertadas..
Es una patada en los huevos de mi equilibrio y neutralidad cotidiana.
A veces me gusta simplemente sentir lo que el viento transmite cuando viene una y otra vez hacia mi, como una suave voz que susurra que todo va a tranquilizarse.. no temo en decir que le creo y sigo a esa voz que al parecer ya vive en mi interior. Pero últimamente se mostró ausente, y no sé donde hallarlo, o si vendrá.
Me engañaría si digo que a veces no busco la paz en otros sitios que no sean la naturaleza o mi alma. Necesito conocer nuevos paisajes, nuevas energías, nuevas almas, nuevos ojos.. y últimamente y de repente, puede que haya descubierto mucho.
Quizás sea precipitado, como toda situación repentina, pero eso no me impide querer vivirla con mis propias reglas de tiempo, sin ansiedad, medidas, metas o posibles consecuencias.
Esto que me pasa es un gran sándwich de emociones y oportunidades indescriptibles y muy aseguradas, me lo engulliría sin más preámbulos, pero qué pasó? una vez ya lo hice así y no sirvió de nada, porque en vez de generar felicidad solo me dió un atracón. No pude disfrutar ni mierda.
Asi que tiempo al tiempo, que no se vive menos.
No sé hasta dónde irá a llegar esto, aún no sé como actuar o si debo tomar alguna decisión... Al menos sé que voy por buen camino todavía.
Sin embargo hay pequeñas sensaciones que te aseguran eso.. como ese abrazo... lo más extraño y lindo en mucho tiempo, era como si aquel viento ausente se hubiese encarnado en tus brazos.
"you float like a feather in a beautiful world.."
Ahora logro comprender que el viento viene a mi realmente cuando yo más lo necesito, pero esta vez me sorprendió al venir en otra faceta...
Que lindo es evocar tu alma cuando la luz de la luna se refleja en el camino.. tan solo así: silenciosa, casi eterna... cuando uno está debajo de ella y del cielo nocturno, un manto azul oscuro con pequeños diamantes que centellean furiosos y de sus lunares ojos luminosos, no tenemos secretos que ocultar... no hace falta ni que uno los diga, porque ya los sabe. El entorno oscuro a mi alrededor no deja de ser un empático compañero infalible.
Lo único que me queda entonces por hacer, es observar a los árboles que dibujan sus majestuosas sombras sobre mi..
Y lentamente como un ladrón que ataca sigiloso, el tiempo me sujeta y vuelvo, regreso a la convencional, a mi habitación, a mi misma.
me basta y me sobra con saber que llevo una pluma y un papel para pintar tu radiante palidez o vomitar algunas palabras que evoquen otra vez esa única sensación del suave abrazo de la tranquilidad.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
sábado, 25 de octubre de 2014
Hechizos, vikingos, orugas doradas y el tiempo deformado: un sueño.
Cada vez empiezo a desconfiar más de mi glándula pineal. Que carajo tiene que sueño cosas tan bizarras?! No soy de relatar mis sueños, pero este me pareció genial y tan extraño que quisiera dejarlo por acá para ver si en un futuro se me ocurre conectarlo con algo más y crear una historia.
Recuerdo llegar a un pueblo de muy muy pocas casas, modestas pero bonitas, como quintas. Solo había un par de fábricas donde entraba y salía gente. Detrás de la calle por la cual caminaba para entrar, se veía la ruta.
Fui a la casa donde se supone debía alojarme. No conocía a esa señora, ni recuerdo haberla visto nunca, pero me trató muy dulcemente y parecía como si no me veía desde hace mucho tiempo. Tenía una hija en brazos: el cuerpo era de una bebé pero la cara era de una señora de casi 50 o 60 años. Balbuceaba, no sabía hablar y parecía muy molesta.
La madre se disculpó y dijo que la espere un momento. Entretanto salí afuera a ver que había. Nada importante.. unos arbolitos con una pequeña chacra y la calle de tierra.. Y en una canasta en una mesa, había cinco perritos hermosos, muy chiquititos de pelo claro. Me dominó la ternura y tomé a uno en mis manos.
-Estaba durmiendo. -habló la pequeña perrita
-Perdón, solo quería verlos. -dije, y la volví a dejar en la canasta
Aparentemente esto no me sorprendió nada.
No recuerdo como pasé la noche, solo me levanté al otro día, la señora de la casa y su hija estaban afuera, miré a la bebé que me sonrió, por ende le devolví la sonrisa, y fui directo a ver a los perros. Estaban despiertos ya y la perrita con la que había hablado movía la cola y dijo:
-Es la primera vez que sonríe en mucho tiempo, porque la miraste sin desprecio. No te vayas, para que sonria mas seguido.
No dije nada, pero le sonreí nuevamente y me fuí a ver el árbol del patio.
En sus hojas había unas orugas doradas, enormes y brillantes. Me encantaron tanto que puse la mano a su paso para que suban. Entretanto llegó la señora y riendo me dijo:
-Les caés bien. Si dejás que se enrollen en tu dedo, serán hermosos anillos.
Una de ellas se enrolló lentamente en mi índice, y sentir sus patas me dió tanta impresión que sacudí la mano (lo sentí en la vida real, en el sueño no. Es más, hasta sentí como si hubiera caído en mi cama)
Al otro día me levanté muy temprano, demasiado. Apenas empezaba a amanecer y me fui a dar una vuelta. Vi un kiosco vidriado muy completo y bonito, y entré.
El chico que lo atendía era igual a Yamil: blanco, con una melena colorada sedosa, barba, mostacho, y bastante corpulento.
-Que necesitás?
-Tenés vino con coca?
Mi pedido pareció extrañarlo mucho. (analizándolo cuando me desperté me exrañó mucho a mi también) y me miró extrañamente antes de responder:
-Eh.. sssssssi.. Ya te lo preparo.
Sacó un vaso grande de plástico y trajo tres botellas de vino quebradas a los cuales les quedaba poco menos que la mitad, pero sirvió para preparar mi pedido. Tenía un color extraño y hermoso, como helado de agua de uva, pero se veía delicioso.
-Gracias.
-Hasta luego. -se despidió sonriendo-
Me lo iba tomando por la calle como si fuera agua, y cuando llegué a casa, en la puerta estaba una extraña señora, bastante gorda y vestida con una blusa de colores muy psicodélicos. Cabello corto color violeta, anteojos negros, labios de un color fucsia casí lisérgico y piel pálida. Vacilé un minuto antes de saludar:
-Buen día..
Me tomó del hombro repentinamente.
-Me convidás tu pócima? -y señaló el vino-
-Si, por qué no?
Y se tomó lo que quedaba de un trago. Aquello no me gustó nada.
La dueña de casa salió muy asustada de adentro.
-Ahí vienen otra vez! Adentro, vengan adentro por favor!
-Pero quiénes? Qué pasa?
Y a lo lejos por la calle de tierra, veía un montón de niños corriendo, tropezándose y cayendo: los venía persiguiendo un malón de indios con grandes antorchas.
-Sólo son indios. Por qué persiguen a esos niños?
-Porque son ladrones. -de repente me miró a la cara muy fijamente y gritando me agarró la mano diciendo:
-Por favor hija, corré para adentro! Vos sos blanca, y si te ven te van a matar.
-Y entonces si es así.. al chico del kiosco lo van a matar! -me sacudía como loca para soltarme y poder salir afuera
-NO NO! A él no le van a hacer nada. Nadie lo sabe, pero en realidad él es un vikingo. Sabe defenderse.
Y me empujó para que fuera a esconderme adentro.
Más tarde cuando pasó todo, volví a salir afuera a hablar con los perritos.
-Hoy me tengo que ir..
Mientras la sostenía en mis manos, la perrita me miró triste y a la vez dulce con esos enormes ojos miel.
-Te pregunto algo. Por qué ella es así? Cual es su problema? Y ustedes como aprendieron a hablar y saber tantas cosas? -le cuestioné señalándola con los ojos a la bebé.
Adoptó un gesto de decepción que casi me parte el alma.
-Entonces.. todavía no lo sabés?
No le respondí nada, la dejé en la canasta y me fui a despedirme de la dueña de casa. Tenía a su hija en brazos y le sonreí por última vez.
La señora me miró a los ojos y reparé en que era la primera vez que yo la miraba a la cara. Tenía tenues rasgos indígenas, se veía fatigada, pero tenía una expresión cordial y sus ojos pardos indicaban que ese alma era un pozo de sabiduría.
Me acarició la cara, me sonrió y dijo algo en una lengua extraña que yo parecía entender..
Vi bastantes personas con un montón de paquetes y fardos en la calle. Se iban a tomar el colectivo también, al parecer.
Fue muy raro, pero el colectivo entró por la calle de tierra.
-Buenas tardes -dijo el chofer- entré por acá para que suban lo más rápido posible. Mejor que nos apuremos porque en la ruta no nos puede agarrar la noche hoy.. se puede cruzar algo peligroso -de repente me miró fijo y muy extraño.
Mientras subía las escaleras del cole, dudando un momento, tiré la última mirada al pueblo preguntándome por qué vine hasta acá...
Recuerdo llegar a un pueblo de muy muy pocas casas, modestas pero bonitas, como quintas. Solo había un par de fábricas donde entraba y salía gente. Detrás de la calle por la cual caminaba para entrar, se veía la ruta.
Fui a la casa donde se supone debía alojarme. No conocía a esa señora, ni recuerdo haberla visto nunca, pero me trató muy dulcemente y parecía como si no me veía desde hace mucho tiempo. Tenía una hija en brazos: el cuerpo era de una bebé pero la cara era de una señora de casi 50 o 60 años. Balbuceaba, no sabía hablar y parecía muy molesta.
La madre se disculpó y dijo que la espere un momento. Entretanto salí afuera a ver que había. Nada importante.. unos arbolitos con una pequeña chacra y la calle de tierra.. Y en una canasta en una mesa, había cinco perritos hermosos, muy chiquititos de pelo claro. Me dominó la ternura y tomé a uno en mis manos.
-Estaba durmiendo. -habló la pequeña perrita
-Perdón, solo quería verlos. -dije, y la volví a dejar en la canasta
Aparentemente esto no me sorprendió nada.
No recuerdo como pasé la noche, solo me levanté al otro día, la señora de la casa y su hija estaban afuera, miré a la bebé que me sonrió, por ende le devolví la sonrisa, y fui directo a ver a los perros. Estaban despiertos ya y la perrita con la que había hablado movía la cola y dijo:
-Es la primera vez que sonríe en mucho tiempo, porque la miraste sin desprecio. No te vayas, para que sonria mas seguido.
No dije nada, pero le sonreí nuevamente y me fuí a ver el árbol del patio.
En sus hojas había unas orugas doradas, enormes y brillantes. Me encantaron tanto que puse la mano a su paso para que suban. Entretanto llegó la señora y riendo me dijo:
-Les caés bien. Si dejás que se enrollen en tu dedo, serán hermosos anillos.
Una de ellas se enrolló lentamente en mi índice, y sentir sus patas me dió tanta impresión que sacudí la mano (lo sentí en la vida real, en el sueño no. Es más, hasta sentí como si hubiera caído en mi cama)
Al otro día me levanté muy temprano, demasiado. Apenas empezaba a amanecer y me fui a dar una vuelta. Vi un kiosco vidriado muy completo y bonito, y entré.
El chico que lo atendía era igual a Yamil: blanco, con una melena colorada sedosa, barba, mostacho, y bastante corpulento.
-Que necesitás?
-Tenés vino con coca?
Mi pedido pareció extrañarlo mucho. (analizándolo cuando me desperté me exrañó mucho a mi también) y me miró extrañamente antes de responder:
-Eh.. sssssssi.. Ya te lo preparo.
Sacó un vaso grande de plástico y trajo tres botellas de vino quebradas a los cuales les quedaba poco menos que la mitad, pero sirvió para preparar mi pedido. Tenía un color extraño y hermoso, como helado de agua de uva, pero se veía delicioso.
-Gracias.
-Hasta luego. -se despidió sonriendo-
Me lo iba tomando por la calle como si fuera agua, y cuando llegué a casa, en la puerta estaba una extraña señora, bastante gorda y vestida con una blusa de colores muy psicodélicos. Cabello corto color violeta, anteojos negros, labios de un color fucsia casí lisérgico y piel pálida. Vacilé un minuto antes de saludar:
-Buen día..
Me tomó del hombro repentinamente.
-Me convidás tu pócima? -y señaló el vino-
-Si, por qué no?
Y se tomó lo que quedaba de un trago. Aquello no me gustó nada.
La dueña de casa salió muy asustada de adentro.
-Ahí vienen otra vez! Adentro, vengan adentro por favor!
-Pero quiénes? Qué pasa?
Y a lo lejos por la calle de tierra, veía un montón de niños corriendo, tropezándose y cayendo: los venía persiguiendo un malón de indios con grandes antorchas.
-Sólo son indios. Por qué persiguen a esos niños?
-Porque son ladrones. -de repente me miró a la cara muy fijamente y gritando me agarró la mano diciendo:
-Por favor hija, corré para adentro! Vos sos blanca, y si te ven te van a matar.
-Y entonces si es así.. al chico del kiosco lo van a matar! -me sacudía como loca para soltarme y poder salir afuera
-NO NO! A él no le van a hacer nada. Nadie lo sabe, pero en realidad él es un vikingo. Sabe defenderse.
Y me empujó para que fuera a esconderme adentro.
Más tarde cuando pasó todo, volví a salir afuera a hablar con los perritos.
-Hoy me tengo que ir..
Mientras la sostenía en mis manos, la perrita me miró triste y a la vez dulce con esos enormes ojos miel.
-Te pregunto algo. Por qué ella es así? Cual es su problema? Y ustedes como aprendieron a hablar y saber tantas cosas? -le cuestioné señalándola con los ojos a la bebé.
Adoptó un gesto de decepción que casi me parte el alma.
-Entonces.. todavía no lo sabés?
No le respondí nada, la dejé en la canasta y me fui a despedirme de la dueña de casa. Tenía a su hija en brazos y le sonreí por última vez.
La señora me miró a los ojos y reparé en que era la primera vez que yo la miraba a la cara. Tenía tenues rasgos indígenas, se veía fatigada, pero tenía una expresión cordial y sus ojos pardos indicaban que ese alma era un pozo de sabiduría.
Me acarició la cara, me sonrió y dijo algo en una lengua extraña que yo parecía entender..
Vi bastantes personas con un montón de paquetes y fardos en la calle. Se iban a tomar el colectivo también, al parecer.
Fue muy raro, pero el colectivo entró por la calle de tierra.
-Buenas tardes -dijo el chofer- entré por acá para que suban lo más rápido posible. Mejor que nos apuremos porque en la ruta no nos puede agarrar la noche hoy.. se puede cruzar algo peligroso -de repente me miró fijo y muy extraño.
Mientras subía las escaleras del cole, dudando un momento, tiré la última mirada al pueblo preguntándome por qué vine hasta acá...
martes, 14 de octubre de 2014
Ummagumma.
¿Desde cuándo cuestiono mi cordura? Vivir en soledad solo
ocasionó que me adentrara aún más en mi propio mundo, donde todo parecía estar
bien, sin preocupaciones.
Entré a mi habitación: ya era hora de dormir, pues no había
podido conciliar el sueño hace dos días, había demasiadas cosas en que pensar.
Nadie le presta atención al estado común de la oscuridad,
no? Bien, esta vez se sentía pesada, frívola, como si algo malo emanara de
ella. Me detuve por un segundo, observé a mi alrededor, pero nada sucedió. Me
senté en la cama y un escalofrío recorrió mi espalda, una sombra se escurría
lentamente por debajo de mis pies, me sujetó con fuerza y me quedé helada;
atiné a tomar el cuchillo que dejaba al lado de mi cama. En algún tiempo me
sirvió para experimentar distintas clases de dolor en mis brazos, reacciones
tristemente extrañas, pero con el tiempo pareció aburrirme, porque las
sensaciones no eran tan grandiosas como aparentaban. Todo esfuerzo por
acuchillar a aquel ser era inútil, la sombra me arrastraba aunque que me
resistiera, pero lo mas extraño es que una voz profunda murmuraba algo
incomprensible. “Ummagumma” parecía ser la palabra, definitivamente era un
dialecto que nunca comprendería. A medida que avanzaba en la oscuridad, la voz
se hacía cada vez mas lejana. Me encontré en un lugar vacío, parecía muy llano,
sereno, y una extraña y fría niebla cubría los alrededores. Poco a poco comenzó
a clarear, y se distinguieron varias cosas.
A lo lejos se divisaba el mar; era un paisaje gris,
monótono, húmedo. Miré a mi alrededor preguntándome como había llegado hasta
ahí. Me cubrí un poco más con la campera y avancé cuidadosamente. Alcancé a ver
un bote con un hombre en el.
A medida que se acercaba, percibí que sus ojos eran blancos.
Estaba ciego… Su expresión reflejaba que poseía secretos que no quería contar.
Era un hombre flaco, desganado. Me hizo señas para que subiera.
A medida que avanzábamos, la niebla se tornaba cada vez mas
espesa y fría, y llegamos a un lugar que parecía ser el comienzo de algo
interminable.
Sentí una presencia extraña detrás de mí, y comprendí que se
trataba de la sombra que me llevó hasta aquí. Busqué mi cuchillo, pero no lo
encontré. Me cubrí con los brazos, para no ver ni sentir nada, aunque el frío
me envolvía. Estaba en un estado de negación permanente.
Un viento helado comenzó a soplar, y eso pareció alejarla de
mi.
Cuando abrí los ojos, estaba de vuelta en mi habitación.
Oscura y normal.
Pero me sentía vacía, como si hubiera perdido algo.
Busqué por todos lados, tratando de recordar que había
llevado, no, no era el cuchillo, no era la campera… Me detuve abruptamente y
comprendí que había perdido mi cordura. Y que jamás la recuperaría.
Desde ese día comencé a escuchar palabras mas raras que
ummagumma. Y cada vez, al entrar a mi habitación, me sentía rodeada por sombras
cada vez mas extrañas y oscuras.
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