Estas dos eran un caso especial.
Como chicle en el zapato:tan pegoteadas que rompen los huevos. Les gustaba observar, pero no ser observadas.
Dos entes de camisas a cuadros, evadiendo todas las multitudes posibles, esa gente hablando de fútbol o sacándose selfies en el bondi.
Moscas de bar,
reclusas de rincones. Observaban a esa gentecita con la mente mambeada por el exceso de racionalidad, las ojeras profundas, los mentones angulosos y las narices romanas.
De melenas enmarañadas, ni te cuento.
Garrapateaban todos esos detalles en sus anotadores pedorros que llevaban siempre consigo, para debatir o escribir algo más en base a eso.
Les importaba poco la métrica o seguir un estilo poético, la antítesis de todos esos fervientes letrados que se dan el dique tomando café en el Marta de Bianchetti y demás cuevas de burgueses.
No.
Estas dos, indigentes, rumiaban versos de todos lados mitá en lenguaje técnico, mitá en lunfardo, mientras asaltaban los árboles de moras de la capital chaqueña.
Se reian de Bécquers y de Heráclitos: esos que se tomaban el arte y el pensamiento peor que ciencia exacta: en serio y tan engrupidamente que daban ganas de llamar a Erdosaín para que los defenestre. Ni el dadaísmo les encontraria la gracia a estos neófitos, pero ellas si, ellas reían de ellos y más, mientras compartian un amable tardio ahi en pleno Camba o unos Benson caminando por los suburbios.
D'Arienzo, Ian Curtis, Arlt, la Scarpulla, Ricky y hasta los escrachos de Capitán Fiebre: todos los dulces roñosos tenían espacio en sus corazones, un tanto particulares. Subjetivamente se veían como grises tumularios, pero para la otra siempre le iba a parecer un enchastre de colores en una paleta.
Misántropas, ácidas, más repulsivas que Malbec picado: una con la jeta más pálida que la muerte y la otra con los labios más rojos que sangre de trosko. Y cuando se exiliaban y no se veían por días o semanas, vomitaban todos esos sentimientos en cartas amarillentas que derrochaban tanto existencialismo y dulzura que hasta Joyce temblaría.
Las manos parasitarias, las facciones finas, la delgadez famélica, la mente poblada de un maremagnum de pensamientos, como un estante lleno de óleos. Se leían la mente, los ojos brillosos en cada alusión, exhalando risas hasta por los poros.
Si, si, se podía decir que se complementaban demasiado bien. En ocasiones no podían creer que eran dos seres distintos. Un solo cuerpo calloso, separado de golpe por un rayo del cielo.. para reencontrarse un día cualquiera,
en un café,
para no separarse jamás.
era un óleo solitario,
invisible de valores, creyente de nada, infumable,
miserable.
Hasta que entendí que necesitaba un aglutinante, alguien que me haga cambiar,
y pueda complementar yo también.
Te encontré a vos, y supe ahí mismo,
que eramos la fórmula perfecta.
domingo, 25 de octubre de 2015
sábado, 17 de octubre de 2015
un día de primavera bajo el sol.
-Canción de los Ents-
ENT
Cuando la primavera despliega la hoja del haya y hay savia en las ramas;
cuando la luz se apoya en el río del bosque y el viento toca la cima;
cuando el paso es largo, la respiración profunda y el aire se anima en la montaña,
¡regresa a mí! ¡Regresa a mí y di que mi tierra es hermosa!
ENT-MUJER
Cuando la primavera llega a los regadíos y los campos, y aparece la espiga;
cuando en las huertas florecen los capullos como una nieve brillante;
cuando la llovizna y el sol sobre la tierra perfuman el aire,
me demoraré aquí y no me iré, pues mi tierra es hermosa.
ENT
Cuando el verano se extiende sobre el mundo, en un mediodía de oro,
bajo la bóveda de las hojas dormidas se despliegan los sueños de los árboles;
cuando las salas del bosque son verdes y frescas, y el viento sopla del oeste,
¡regresa a mí! ¡Regresa a mí y di que mi tierra es la mejor!
ENT-MUJER
Cuando el verano calienta los frutos que cuelgan y oscurece las bayas;
cuando la paja es de oro y la espiga blanca y es tiempo de cosechar;
cuando la miel se derrama y el manzano crece, aunque el viento sople del oeste,
me demoraré aquí a la luz del sol, porque mi tierra es la mejor.
ENT
Cuando llegue el invierno, el invierno salvaje que matará la colina y el bosque;
cuando caigan los árboles y la noche sin estrellas devore al día sin sol;
cuando el viento sople mortalmente del este, entonces en la lluvia que golpea
te buscaré y te llamaré, ¡y regresaré otra vez contigo!
ENT-MUJER
Cuando llegue el invierno y terminen los cantos; cuando las tinieblas caigan al fin;
cuando la rama estéril se rompa y la luz y el trabajo hayan pasado;
te buscaré y te esperaré, hasta que volvamos a encontrarnos:
¡juntos tomaremos el camino bajo la lluvia que golpea!
AMBOS
Juntos tomaremos el camino que lleva al oeste
J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos. "Las Dos Torres", pág. 97, cap. IV "Bárbol".
miércoles, 7 de octubre de 2015
Estaba en una esquina un muchacho.
Escuálido, pálido
con una botella en su mano.
Sus ojeras tenían tales surcos
que perturbarían a un psiquiatra.
Miraba todo y a la vez nada,
la vibra no lo motivaba.
De no sé donde, apareció una flaca.
A la mortecina luz de los faroles se le veía la piel tan frágil,
que parecía que estaba hecha de papel de calcar.
La temperatura bajó varios grados,
mientras se detenía a mirar al aletargado de la esquina.
Y así hechizante, con voz serena, se le acercó:
"A vos te gustan las botellas,
y a mi me gusta tu sonrisa."
No fueron más de cinco segundos, pero el pálido nunca olvidaría la mirada gris,
fija en él,
helada como el acero.
Miró para todos lados,
más no la pudo encontrar.
No sabía si culpar al vino o al frio: la verdad que ninguna de las dos cosas que más adoraba,
en tanto tiempo
lo habría hecho sonreir.
Escuálido, pálido
con una botella en su mano.
Sus ojeras tenían tales surcos
que perturbarían a un psiquiatra.
Miraba todo y a la vez nada,
la vibra no lo motivaba.
De no sé donde, apareció una flaca.
A la mortecina luz de los faroles se le veía la piel tan frágil,
que parecía que estaba hecha de papel de calcar.
La temperatura bajó varios grados,
mientras se detenía a mirar al aletargado de la esquina.
Y así hechizante, con voz serena, se le acercó:
"A vos te gustan las botellas,
y a mi me gusta tu sonrisa."
No fueron más de cinco segundos, pero el pálido nunca olvidaría la mirada gris,
fija en él,
helada como el acero.
Miró para todos lados,
más no la pudo encontrar.
No sabía si culpar al vino o al frio: la verdad que ninguna de las dos cosas que más adoraba,
en tanto tiempo
lo habría hecho sonreir.
martes, 6 de octubre de 2015
Nota personal: fue todo una contradicción muy agridulce.
si pasábamos a mayores, sin duda iba a ser algo tan vacío y banal que me daría asco de mi misma. Ya ves: ni una sonrisa durante todo el proceso.
Fue propicio para el Zeppelin I,
pero no llenador.
Hasta Carlitos lo retrató con versos:
"Madreselvas en flor que trepándose van, Es su abrazo tenáz y dulzón como aquél."
sacale lo dulzón.
aún así, me detuve a mirar los detalles de sus ojeras, de sus párpados pálidos, las facciones. Pelé una sonrisa medio tristona: si hubiera podido viajar al pasado a contarme a mi misma esta situación, no lo hubiera podido creer de ninguna forma.
Aún así no le terminé de encontrar la gracia.
O lo superé muy bien o estoy más muerta de lo que creía.
llegar a casa y bajonear dos sanguches con té de vainilla y de fondo escuchar a fanpi, fue quizás lo más lindo. Y la Pibu vino a rescatarme provocándome risas.
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