“Entre los múltiples momentos críticos que he pasado, el más amargo fue encontrarme a los dieciséis años sin hogar”.
Asi fue como iniciaba a los veinte años Roberto Arlt uno de sus primeros artículos. Todas sus obras dejan ver rasgos autobiográficos, algunos en mayor o menor medida.
En 1926 (teniendo Arlt veintiséis años) e impulsado por el importante escritor Ricardo Guiraldes, publica “El Juguete Rabioso”, su primera novela. Aquí narra la historia, las aventuras y desventuras de un adolescente de dieciséis años llamado Silvio Astier. Marcado enormemente por el suicidio de su padre cuando era pequeño, su familia se sume en una critica pobreza. Su hermana debe continuar yendo al secundario, ¿y él? Quedará triste y marginado de todo ámbito educativo y buscando mantener a lo que queda de su pequeña familia mediante el trabajo. La salida a su desdicha parece ser su biblioteca, que está poblada de los más variados autores y disciplinas: desde Electromecánica y Filosofía, hasta Baudelaire, Verlaine, Baroja y Dostoievski. Este potencial autodidacta es lo impulsa a buscar su vocación, algún soporte que confíe en su genio y logre materializar sus ideas. Sin embargo, en cada uno de sus trabajos (en una librería, en una papelería y un prometedor acceso al Ejército) se ha visto ignorado. (Quizás también Arlt se hubiera sentido asi en numerosas circunstancias de su vida real, lo que impregna a su narrativa de una voz muy personal que nos permite ponernos en lugar del personaje y transfigurarnos en él.)
El matiz político se transluce cuando el Capitán, quien muy extrañado ante la postura científica de Astier a su edad, pregunta a sus pares:
-Che, ¿no será un anarquista este?
-No capitán. Pero me gusta estudiar, leer.
Es sublime contar con tal inteligencia y madurez a tan corta edad, causando un contraste con lo que usualmente se retrata a los 16 años: despreocupación, dependencia paternal y una sensación de estar ajeno a toda responsabilidad. Silvio renunció sin dilación a la vida mundana del adolescente para transformarse en un solitario, (como diría Baudelaire: “…un Hércules desocupado”), un joven atormentado entre la voluntad de vivir y apreciar las cosas bellas (“Si vida, vos sos linda, ¿sabés?”) y la oscura genética suicida que lo impulsa sucumbir ante sus frustraciones (“yo no he de morir, pero tengo que matarme”). Esta sobredosis de racionalidad y existencialismo es lo que caracteriza al estilo de numerosos autores de los años 1900 en adelante: “todo está marcado y empapado por la necesidad del solitario, por la problemática del ser humano, por la nostalgia de un nuevo sentido para la vida humana... Que se ha vuelto absurda.” como nos resume Hermann Hesse en su “Lobo Estepario”.
Las personas convencionales a las que acudió hicieron oídos sordos y ojos ciegos ante las virtudes manifiestas de Silvio. Permaneció asi a la deriva. No suele tomarse conciencia de que tan adorables genios juveniles pudieron haber sido valorados y abrazados hasta por el mismo Thomas Edison o Baudelaire.
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