“(…) huele a polvo y a las bibliotecas de la noche.”
-Neil Gaiman, “The Sandman”.
La nostalgia, o las nostalgias –habrá tantas definiciones como personas que la sientan- es una situación que aparece como un cuaderno olvidado cuando revolvés mucho dentro de algo. No importa si es un corazón, un cajón, una biblioteca o un bosque.
Llega agosto y me acuerdo de vos. De un día para otro los lapachos se hacen lapachos, brotándose de flores, y forman un marcado contraste con los demás árboles que, raquíticos y sin armadura, esperan la primavera. Ese florecimiento urgente, de alguna manera le hace frente a la vida, a todo. Como vos.
Y, como bien dice tu nombre, Floreal, florecen en mí recuerdos que nunca compartimos. Y leo tus cartas, decodifico tu letra, tus frases, tus momentos. Te dibujo en mi mente: saliendo de una imprenta en algún sucucho de Buenos Aires. Alto, desgarbado, tallados los ojos y las manos como solo la nostalgia y la lejanía saben hacerlo.
Miro mis manos, y te veo a vos. Más allá de que hayas sido mi abuelo, más bien te veo como el guardián de la biblioteca de los sueños.
Una vez papá me dijo que leía a Baudelaire y a Maeterlinck como lo hacías vos. Que nos deteníamos en los mismos detalles. Y viajo lejos, como cuando una película nos lleva de la mano y nos veo vagando por Resistencia, observando los hormigueros de las plazas, las nervaduras de las hojas y los troncos de los árboles que, grandes en su soledad, nos cobijan.
Veo tus fotos, y tus ojos me ven llegando, errando por todos lados, para contarte mis cosas, las situaciones que acarrean mis arranques esteparios y vos, con la tierna sabiduría del que desandó senderos muchos años, me lees un fragmento de Hamlet que calma y calla ceremoniosamente mi incertidumbre.
¿Cuántos libros, cuadras, mates, atardeceres, lunas y mañanas habríamos podido atesorar? No lo voy a saber con certeza nunca, pero sigue siendo extraño.
De mi mamá recuerdo todo, excepto la parte de mí que murió con ella. De vos me acuerdo que un pájaro, el crespín, cantaba en el patio, tenuemente, y papá adivinaba que tenía que visitarte cuando ya no estabas.
Un pájaro. Un árbol. Muchas páginas. Muchos recuerdos cascados en el corazón, esa es la parte de mí que vive con vos.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
