domingo, 15 de septiembre de 2019

florecer.

“(…) huele a polvo y a las bibliotecas de la noche.”
-Neil Gaiman, “The Sandman”.


La nostalgia, o las nostalgias –habrá tantas definiciones como personas que la sientan- es una situación que aparece como un cuaderno olvidado cuando revolvés mucho dentro de algo. No importa si es un corazón, un cajón, una biblioteca o un bosque.
Llega agosto y me acuerdo de vos. De un día para otro los lapachos se hacen lapachos, brotándose de flores, y forman un marcado contraste con los demás árboles que, raquíticos y sin armadura, esperan la primavera. Ese florecimiento urgente, de alguna manera le hace frente a la vida, a todo. Como vos. 
Y, como bien dice tu nombre, Floreal, florecen en mí recuerdos que nunca compartimos. Y leo tus cartas, decodifico tu letra, tus frases, tus momentos. Te dibujo en mi mente: saliendo de una imprenta en algún sucucho de Buenos Aires. Alto, desgarbado, tallados los ojos y las manos como solo la nostalgia y la lejanía saben hacerlo.
Miro mis manos, y te veo a vos. Más allá de que hayas sido mi abuelo, más bien te veo como el guardián de la biblioteca de los sueños. 
Una vez papá me dijo que leía a Baudelaire y a Maeterlinck como lo hacías vos. Que nos deteníamos en los mismos detalles. Y viajo lejos, como cuando una película nos lleva de la mano y nos veo vagando por Resistencia, observando los hormigueros de las plazas, las nervaduras de las hojas y los troncos de los árboles que, grandes en su soledad, nos cobijan. 
Veo tus fotos, y tus ojos me ven llegando, errando por todos lados, para contarte mis cosas, las situaciones que acarrean mis arranques esteparios y vos, con la tierna sabiduría del que desandó senderos muchos años, me lees un fragmento de Hamlet que calma y calla ceremoniosamente mi incertidumbre.
¿Cuántos libros, cuadras, mates, atardeceres, lunas y mañanas habríamos podido atesorar? No lo voy a saber con certeza nunca, pero sigue siendo extraño.
De mi mamá recuerdo todo, excepto la parte de mí que murió con ella. De vos me acuerdo que un pájaro, el crespín, cantaba en el patio, tenuemente, y papá adivinaba que tenía que visitarte cuando ya no estabas.
Un pájaro. Un árbol. Muchas páginas. Muchos recuerdos cascados en el corazón, esa es la parte de mí que vive con vos.
Gracias.
Gracias.
Gracias. 

viernes, 15 de febrero de 2019

Ulrikke.

"Hann tekr sverthit Gram okk / legger i methal theira bert", 
"Él tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos". extraído de la Völsunga saga. 27.

"(...)

Por los cristales vi que había nevado; los páramos se perdían en la mañana. No había nadie más. Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.

Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
-A mí también. Podemos salir los dos.

Nos alejamos de la casa, sobre la nieve joven.

No había un alma en los campos. Le propusé que fuéramos a Thorgate, que queda río abajo, a unas millas. Sé que ya estaba enamorado de Ulrica; no hubiera deseado a mi lado ninguna otra persona.

Oí de pronto el lejano aullido de un lobo. No he oído nunca aullar a un lobo, pero sé que era un lobo. Ulrica no se inmutó.

Al rato dijo como si pensara en voz alta:
-Las pocas y pobres espadas que vi ayer en York Minster me han conmovido más que las grandes naves del museo de Oslo.

Nuestros caminos se cruzaban. Ulrica, esa tarde, proseguiría el viaje hacia Londres; yo, hacia Edimburgo.
-En Oxford Street -me dijo- repetiré los pasos de Quincey, que buscaba a su Anna perdida entre las muchedumbres de Londres.

- De Quincey -respondí- dejó de buscarla.

Yo, a lo largo del tiempo, sigo buscándola.

-Tal vez -dijo en voz baja- la has encontrado.


(...)

Para un hombre célibe entrado en años, el ofrecido amor es un don que ya no se espera. El milagro tiene derecho a imponer condiciones. Pensé en mis mocedades de Popayán y en una muchacha de Tezas, clara y esbelta como Ulrica que me había negado su amor.

(...)

Tomados de la mano seguimos.

-Todo esto es como un sueño -dije- y yo nunca sueño.

-Como aquel rey -replicó Ulrica- que no soñó hasta que un hechicero lo hizo dormir en una pocilga.

Agregó después.

-Oye bien. Un pájaro está por cantar.
Al poco rato oímos el canto.
-En estas tierras -dije-, piensan que quien etá por morir prevé el futuro.
.Y yo estoy por morir -dijo ella.

La miré atónito.

-Cortemos por el bosque -la urgí-. Arribaremos más pronto a Thorgate.
-El bosque es peligroso -replicó.

Seguimos por los páramos.
-Yo querría que este momento durara siempre -murmuré.
-Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres -afirmó Ulrica y, para aminorar el énfasis, me pidió que le repitiera mi nombre, que no había oído bien.
-Javier Otálora -le dije.

Quiso repetirlo y no pudo. Yo fracasé, parejamente, con el nombre de Ulrikke.

-Te llamaré Sigurd -declaró con una sonrisa.
Si soy Sigurd -le repliqué- tu serás Brynhild.

Había demorado el paso.

-¿Conoces la saga? -le pregunté.
-Por supuesto -me dijo-. La trágica historia que los alemanes echaron a perder con sus tardíos Nibelungos.

No quise discutir y le respondí:
-Brynhild, caminas como si quisieras que entre los dos hubiera una espada en el lecho."


Borges. El Libro de Arena. 1972.

lunes, 11 de febrero de 2019

Vado... L'ammazzo e torno.

su existencia 
está poblada de personajes perspicaces
de pocas palabras
y villanos altivos:
la trama se deshace
en un pueblo aislado
que solo conoce el invierno,
el fuego
y las respuestas frías y cerebrales.
-como en una película western?
-en líneas generales.

lunes, 28 de enero de 2019

espejos rotos.

Era un tarde de abril
llena de pájaros
yo trataba de perder mis nervios
entre las ramas de la plaza
queria ser valiente y dulce porque ibas a venir.
Pero no.
Hasta que llegaste
con tus rulos y tus mambos
y tus manos de artista
luminoso,
como la palabra hierofanía,
y te dije que capaz
tal vez
me iba a mudar con vos porque te adoraba
a vos y a cada una de tus cosas
te prometí no ocupar tanto espacio
ni tanta molestia
y me callé, porque me cai
en los hoyuelos que se te dibujaron.
Y dijiste que tal vez nos conociamos demasiado,
que no iba a tener sentido.
Que iba a ser como mirarse en un espejo
-no tan lindo como el que tenías antes-
pero que te gustaba mi perfume,
dijiste.
esos son lindos detalles,
dijiste.
Pero no me basta.
Y te fuiste.
La tarde amarilla de abril y llena de gorriones,
se fue convirtiendo en anochecer frio
una noche de abril llena de murciélagos,
en medio de una plaza
y un corazón
que me expulsan.