sábado, 25 de julio de 2015

Rotten Maiden.

Siempre fui una persona muy leal a mi misma. Siempre puse mis principios encima de todo, no por moral, sino porque realmente quería hacerlo. Es natural en mi.
Es imposible que haga hago forzadamente, es decir, algo que debe ser una decisión libre.
Y si me pinta, me pinta. Lo hago. Y si no, no. Y no hay vuelta ni discusión.
Siempre tuve mi propia idea de lo que simboliza el amor hacia alguien, me aburre demasiado lo convencional, el sexo como instinto impulsivo.. como si fueramos nada más que animales nomá te digo.
Y siempre pensé que nadie iba a conocer mi cuerpo si antes no se animaban a conocer por completo lo que soy como persona. Muchos lo hacen a la vez, pero yo no.
Y hasta ahora nadie se animó, o quizás si y perdieron en el intento.

No era por egocéntrica. Siempre fui insegura, siempre me sentí menos que todas esas chicas que exhiben sus cuerpazos, sus pieles suaves y tersas sin problema. Sus curvas y sus cualidades más exuberantes. Y es algo tan atractivo que en cierto punto desarrollé cierto amor odio. no por envidia, pues siempre admiré esa forma de ser.. sino por ver lo convencional que se volvió.
El ideal de belleza siempre fue una piel suave, lindos pechos, lindo cuerpo, Simpatía, buena onda. Magnetismo, buen gusto. Lindo cabello. Desenvolverse sin problema en todos los aspectos, desde la cama hasta la calle.
Me imagino que la planicie, la delgadez, la inseguridad y la antipatía no tenían cabida en eso.
Yo no tenía cabida en nada de eso.

Sigo sin tenerla.

Y no sé porque estoy orgullosa de ser así, de que tan solo el espejo sea quien aprecie mi blancura sepulcral, dos décadas de piel cubiertas bajo remeras grandes y bermudas. Protegiendo de todo impulso convencional que tanto me asquea. El problema no es coger, sino cómo y que importancia le das cuando llega la hora. Ya no encuentro pureza, no encuentro desinterés y sinceridad, ya no encuentro empatía, no encuentro la gracia ni mucho menos conexión.
Mi cuerpo es tan solo un anexo de mi autorespeto. Mente y cuerpo van unidos y busco siempre el equilibrio entre ambos. Y como todo anexo, en mi cuerpo deriva lo que pienso.
No me odio, no me considero asquerosamente fea, me conformo con lo que tengo y nada más. No quiero broncearme, no quiero comer más y hacer ejercicio. No quiero usar ropa ajustada. No quiero exhibirme. No quiero volverme producto común, no quiero que todos me conozcan por completo.

A veces me pregunto quien va a ser la personita que tenga los huevos o los ovarios suficientes para comprender todo esto por completo y llegar a mi de otra manera.
Cuando llegue la hora, juro que voy a hacer que sea especialmente mutuo.
Mientras tanto voy a seguir pudriéndome entre jazmines.






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