Al día siguiente de la madrugada que nos despedimos, a la siesta me encontré rodeada de libros y apuntes en mi galería, café y lápiz en mano, y de repente absorta en una ráfaga de inspiración garabateé unos versos bajo el sol:
"Admirar su voz y sapiencia me llenaba de esplendor.
Cuan gemas blancas de Lasgalen,
él resplandecía a la luz de un solitario farol,
que se colaba entre los árboles.
Tu pálido cutis de lirio
embrujaba mi racionalidad,
-mi sombría sobriedad-
y la hacía desaparecer
entre nieblas oníricas,
que en tus etéreas manos
no encontraban principio,
ni rígido final."
una cagada, si.
muy cursi.
pero en fin, lejos de sentirme apenada por el poco tiempo que pasamos, no puedo describir con palabras como logra llenarme el alma que una personita especial me sirva de musa.
Gracias por violentar el letargo, querido Sandia.
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