Al Gordo.
Ojos de miel,
en la plenitud de tu aura, un haz atraviesa el ámbar sereno de tu luz.
prometías ser tan ligero como el lino
vivaz a la luz del día
y ahora helo ahí, anquilosado
buscando posición en las espumas
(artificio del hombre)
que lo lleven a volar en los sueños
tan profundos,
que tan sólo una oportuna pesadilla logre despertarlo.
y al acecho...
el frio y terso campo de la muerte lo está esperando
cuan perro,
pero no cualquiera.
la culpa, la tiene la noche!
en su ocurrencia eterna.
ésta noche, y no es cualquiera.

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