martes, 14 de octubre de 2014

Ummagumma.

¿Desde cuándo cuestiono mi cordura? Vivir en soledad solo ocasionó que me adentrara aún más en mi propio mundo, donde todo parecía estar bien, sin preocupaciones.
Entré a mi habitación: ya era hora de dormir, pues no había podido conciliar el sueño hace dos días, había demasiadas cosas en que pensar.
Nadie le presta atención al estado común de la oscuridad, no? Bien, esta vez se sentía pesada, frívola, como si algo malo emanara de ella. Me detuve por un segundo, observé a mi alrededor, pero nada sucedió. Me senté en la cama y un escalofrío recorrió mi espalda, una sombra se escurría lentamente por debajo de mis pies, me sujetó con fuerza y me quedé helada; atiné a tomar el cuchillo que dejaba al lado de mi cama. En algún tiempo me sirvió para experimentar distintas clases de dolor en mis brazos, reacciones tristemente extrañas, pero con el tiempo pareció aburrirme, porque las sensaciones no eran tan grandiosas como aparentaban. Todo esfuerzo por acuchillar a aquel ser era inútil, la sombra me arrastraba aunque que me resistiera, pero lo mas extraño es que una voz profunda murmuraba algo incomprensible. “Ummagumma” parecía ser la palabra, definitivamente era un dialecto que nunca comprendería. A medida que avanzaba en la oscuridad, la voz se hacía cada vez mas lejana. Me encontré en un lugar vacío, parecía muy llano, sereno, y una extraña y fría niebla cubría los alrededores. Poco a poco comenzó a clarear, y se distinguieron varias cosas.
A lo lejos se divisaba el mar; era un paisaje gris, monótono, húmedo. Miré a mi alrededor preguntándome como había llegado hasta ahí. Me cubrí un poco más con la campera y avancé cuidadosamente. Alcancé a ver un bote con un hombre en el.
A medida que se acercaba, percibí que sus ojos eran blancos. Estaba ciego… Su expresión reflejaba que poseía secretos que no quería contar. Era un hombre flaco, desganado. Me hizo señas para que subiera.
A medida que avanzábamos, la niebla se tornaba cada vez mas espesa y fría, y llegamos a un lugar que parecía ser el comienzo de algo interminable.
Sentí una presencia extraña detrás de mí, y comprendí que se trataba de la sombra que me llevó hasta aquí. Busqué mi cuchillo, pero no lo encontré. Me cubrí con los brazos, para no ver ni sentir nada, aunque el frío me envolvía. Estaba en un estado de negación permanente.
Un viento helado comenzó a soplar, y eso pareció alejarla de mi.
Cuando abrí los ojos, estaba de vuelta en mi habitación. Oscura y normal.
Pero me sentía vacía, como si hubiera perdido algo.
Busqué por todos lados, tratando de recordar que había llevado, no, no era el cuchillo, no era la campera… Me detuve abruptamente y comprendí que había perdido mi cordura. Y que jamás la recuperaría.

Desde ese día comencé a escuchar palabras mas raras que ummagumma. Y cada vez, al entrar a mi habitación, me sentía rodeada por sombras cada vez mas extrañas y oscuras.

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