"me confío a una niña monstruo"
nos contó Alejandra en 1972.
¿no es acaso lo que hacemos también?
un alma,
laminada de belleza y angustia
en partes iguales
que vierte su voz cascada
sobre un séquito de criaturas sedientas
sedientas
de comprensión, de quietud,
de elevación en medio del desencanto.
Supo ser la Perla en todos lados,
pero su brillo refulgió tanto
que creyó que muy temprano debía atenuarse.
Sus canciones refugiaron
a un puñado de otras Niñas Monstruo que se hicieron mujeres demasiado pronto.
juntando, de a pedacitos, sus corazones rotos
y poniéndolos en vasos de whisky
en medio de noches tan oscuras que ni la luna se anima a estar.
Solo podíamos escucharte, cantándonos "Little Girl Blue"
y agradecerte por estar ahí.
Pero nena, ¿cómo nadie pudo leer tus ojos?
¿alguien te regaló una parte de su corazón realmente?
Decime nena, ¿no tenías un ángel? ¿dónde está tu ángel?
Ese carnaval cruel de ridículos
y saltimbankis con sus seductores venenos
no lo dejaron pasar.
Esa noche llovía,
llovía otra vez.
Dios lloraba antes de tiempo.
uno de sus mayores regalos para este mundo
se había apagado, sola,
en esa habitación maldita
del Landmark Hotel.
Fue elegida como el chico más feo de la escuela.
Fue pisoteada en el barro,
tomada por un poco menos que un montón de mugre.
Resurgió como Bruja Cósmica.
Vivió como musa.
Ascendió como diosa,
eterna en su canto.
¿Y ahora me preguntas quien es ella?
Nada más que ella misma.
Janis.

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