Era una tarde cualquiera al parecer.
Recuerdo que caminaba por unas calles cercanas a la costanera, diferentes de lo que son ahora, pero cercanas al fin. Las casas tenían tonalidades grisáceas, o así parecían por la frondosa sombra de venerables árboles y las flores coloridas marcando contraste en cada uno de sus jardines.
pero no estaba todo bien, yo no sabía que pasaba, pero se respiraba intranquilidad en el sopor del verano. algo iba a pasar.
Lo sentía. Siempre me sentí muy conforme al saber que yo tenía buena intuición, pero esta vez la incertidumbre me acogotaba.
La gente iba y venía, apresurada, en cada kiosco había una tele y la muchedumbre se apelmazaba para escuchar las noticias... Discutían...
Todas las hipótesis parecían válidas pero yo no parecía estar ahí, o tenía piel de papel de calcar.
Me sentía ajena, debía ver gente que me informe.
Ya casi atardecía. Miré al rio.
Se veía la aproximación de una tormenta terrible. Las paradas de bondi estaban desoladas: todos se habían apresurado para tomar el cole y estar seguros en sus casas, a pesar de que eran recién las siete y media. El viento soplaba, las luces se encendían y yo solo me apuré para conseguir un lugar que más o menos me cobije, pudiendo observar todo con tranquilidad. Había un puesto de helados en una calle, y pude oir que una señora rezongaba con otra porque eran horribles.
-pero ya ni en un helado se puede confiar, vió...
-y.. con lo que nos queda, no se puede esperar menos también...
Otro grupo de gente se apabullaba viendo las noticias. Giré la cabeza.
-Esto, esto va a ser peor que la dictadura de Bolívar.
Y la gente se alejaba, repitiendo ese comentario...
-va a ser peor que Bolivar, si...
-Por qué Bolívar? -pensé- él ni siquiera gobernó este país. no capto la comparación...
Una parejita joven se abrazaba.
-Todo va a estar bien... elegimos un buen momento para empezar lo nuestro... -le decía él. Al menos su rostro era delicado y franco.
Ella no decía nada, pero en respuesta se acurrucó sobre el hombro de su compañero, como un pajarito.
El hombre del kiosco los miró con compasión y cierta expresión de "y ellos todavía guardan esperanzas..."
Pelé una media sonrisa al notar todos estos gestos... Me pareció hermoso y también triste al notar que ella sacó una servilleta, y al dibujar un corazón en un rincón, se la guardaba a él en el bolsillo de su camisa. Creí ver lágrimas en sus ojos.
Ni eso calmó mi sentimiento de sentirme ajena. Y la tormenta ni siquiera había empezado, pero el cielo estaba oscuro. Las nubes dibujaban una perfecta escala de grises. Si hubiese estado en séptimo grado, cuando nos hacían ilustrar todo eso, no hubiera deseado más que tener un paisaje así a mano para inmortalizar en el papel.
Vi que llegaba un colectivo. Un hombre de anteojos parecido a Colin Forth iba colgado de la puerta, observando asombrado las calles.
-Jaja, se parece al tipo de Kingsman... -pensé, como de casualidad al verlo pasar.
Ni una cara conocida, ni un llamado de alguien que me ponga los pies en la tierra, nada. Polvo, viento y una mirada gris. Insignificante. Capaz un clavel del aire podía llamar más la atención que yo en ese momento.
Pensé también, repentinamente en mi hermana y en mi viejo. Estarían en casa? Allá el cielo se vería más celeste y gris, me acordé.
Tomé un bondi vacío, con iluminación de neón, que me dio una sensación peor de encierro y sentía que con el clima y la gente y la iluminación no podría alejarme jamás de los claroscuros.
yo solo observaba, observaba y no podía hacer nada.
por ahí tienen razón los que alegan que en nuestros sueños se reflejan nuestros peores miedos.
Lakes of Russia - Dead Trees
https://www.youtube.com/watch?v=ksByMHGxVok
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