Un poco de paz de los que descansan
eternamente,
destinada a aquellos que en esta vida residen
atormentada,
e indefinidamente.
I
Cúbreme, Madre del letargo
con tu fino manto blanco
salpicado de celestes estrellas.
Cubre mi pálido cuerpo,
nefasto de incertidumbre,
podrido, virgen, entre orquídeas
y perfumes viejos.
Hazme ver en tu mirada de miel
si me espera el descanso,
o la enferma continuidad de la rutina.
Extiende, por favor, tan sólo un momento! tus brazos aterciopelados
para que vuelvan a sentir, mis heladas manos parasitarias
un destello de suavidad, unas gotas de tu encanto.
II
Tu risa, melodía melíflua
contagiosa de vida
un respiro para el desdichado,
el atormentado,
el apático.
Tus facciones preciosistas, cubiertas de delicadeza,
cuan llovizna que impregna tu esencia
y hace tornar angelical, tu presencia.
No por nada te llamabas Beatriz,
madre del amor.
Tan hermosa, tan única
que hasta Tinúviel se volvía envidiosa.
La voz, armoniosa, que hilaba palabras de humildad
o se inmortalizaban en tinta violeta.
III
El día en que Cáncer rebalsó de celos
y de mi lado te arrebató para llevarte a la eternidad,
parte de mi también feneció.
Una pequeña rosa te dejé, como último presente.
Cáncer me observa y ríe, insufrible,
mientras solo Poe y Dante se tornan comprensibles
con compasión, acarician mi famélica espalda,
y murmuran, con dulzura:
"Niña, la morfina es para los vivos que en vida van muriendo,
pero la sonrisa de los recuerdos es para los que en muerte
están viviendo!"
están viviendo!"
Tenía que volver a releer esto, seguramente lo seguiré haciendo. Sublime, me comería tus versos Verónica!
ResponderEliminarTe amo.
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